El amor formal es sentir que el amor real se ha quedado sin sustancia, y de todos modos seguir fingiendo el amor como si todavía estuviera. El amor formal es una apariencia de amor: es una relación irreal y artificial que funciona como se supone que deben funcionar las parejas, es una flor maquillada y retocada que se muestra aparentemente viva cuando en realidad todo —las hojas, el tallo, la tierra— todo está muriéndose, erosionándose, petrificándose, quedándose estéril. Finalmente el amor formal es una postal o regalo semejante, como recordación de lo que fue y ya no es: un amor que todavía se lleva en la memoria, pero que ahora no se siente en el corazón —a pesar del afán por aparentarlo.



¿Qué es el amor formal?

Cuando decimos que el "amor formal" es decadente, no nos estamos refiriendo a que sea malo que tengas una pareja estable: esto está muy bien. Lo decadente es permanecer juntos sin amor real, es decir, sin hacer nada para alcanzar el amor real. Es lógico que desees seguir junto a la persona que has amado, pero es ilógico que no hagas nada por que ese amor sea real, y no sólo un recuerdo del pasado. Si amas de verdad a tu pareja, debes realizar ese amor —a través del sexo profundo, que es la única vía para hacer real el amor.


"Amor formal" significa que una relación se ha quedado sin amor real y que continúe a pesar de eso, engañándose con que sí hay amor. Éste no es un caso aislado: amor formal es lo que hoy por hoy viven casi todas las parejas. El amor formal es de hecho lo opuesto del amor sexual, pues como hemos dicho, todo amor verdadero es profundamente sexual, y cuando las parejas entran en etapa de amor formal, entonces hacen muy poco el amor, o incluso no lo hacen nunca. Formal es lo contrario de real; formal es lo superficial, lo aparente, que esconde una realidad distinta o contraria. Formal es sinónimo de rutinario y anestesiante, lo cual es el extremo contrario de la pasión real —que es siempre nueva y estimulante. Ya no necesitas ese tipo de formalidad en el amor, porque puedes hacer real tu amor a través del sexo profundo.


Si en tu relación actual no hay amor real —como es muy probable que sea—, debes aceptar el problema y verlo tal como es, porque éste es el primer paso para que comiences a hacer el amor real —y no formal. El camino directo para que un amor que alguna vez fue nuevo se convierta en rutinario y formal, es el sexo habitual; en cambio, el camino para que un amor nuevo siga siempre nuevo, o incluso para que un amor que se ha hecho formal vuelva a ser nuevo, es el sexo real, el gozo sexual más completo que existe.



El amor formal no es real

Como ya dijimos: en ocasiones, durante la vida cotidiana, hemos experimentado que el amor se queda sin sustancia, sin sentido, que es sólo un amor formal. Esto ocurre porque habitualmente al amor le falta una base física sexual, porque los amantes no saben bien cómo hacer el amor, y poco a poco lo hacen cada vez menos, o no lo hacen debido a que pierden el interés por un acto tan repetitivo y poco sustancioso como es el sexo habitual.


Por otra parte, también a veces hemos sentido que el sexo se convierte en algo maquinal, sin belleza, e incluso a veces hemos sentido que nos genera malestar. Esto ocurre porque le falta amor. Es decir: el amor físico y el amor espiritual casi siempre hasta ahora han andado separados. De aquí surge el amor formal: una apariencia de amor sin sustancia real.


La solución para esta separación es el amor sexual, es decir, la unión plena entre el amor y el sexo. El amor real no se extravía con formalidades de que lo que interesa es el "amor" y no el sexo: en el amor real, sexo es lo mismo que amor, y los amantes por puro gusto desean estar juntos el mayor tiempo posible, y con la mayor profundidad posible: ellos desean hacer el amor, y se ocupan de hacerlo bien.


Y cuando ellos logran hacer real y profundamente el amor, su relación no es formal: es un amor sustancial, cada vez más sentido y constante. Este amor sustancial se convierte en el lazo real entre ellos, y en su lazo feliz con la vida y con todo lo que les rodea.



¿Cuándo lo que fue amor real se convierte en formal?

Esto ocurre cuando ya la pareja lleva algunos meses junta —¿dos ó tres meses?, a veces ocurre antes—, y cuando ellos han ido las suficientes veces al sexo habitual y han dilapidado en ello la energía de su amor. El amor formal comienza, como hemos dicho, tal vez apenas luego de unos meses de iniciada la relación: pero puede extenderse durante años, y hasta décadas, en forma de una decadencia que por habitual se hace normal.


Pero los amores formales y añejos que antaño sostenían nuestros abuelos y padres mucho más allá del fin del amor real, hoy van siendo piezas de museo. Lo habitual hoy es que la pareja pronto se separe —una solución alternativa pero tan negativa como la otra. Y no es que hoy seamos más libres o valientes.


Se trata de que al sexo hoy se llega más rápido y con más frecuencia, pero no con más efectividad: la energía del amor cada vez se dilapida más rápido, y cada vez más rápido el amor inicial se queda sin energía y se convierte en formal. Dicho en pocas palabras: la causa de que el amor real se convierta en formal, es que el hombre continuamente eyacula la energía del amor.



"El amor se lleva dentro"

Hoy en día, aunque todavía aparentamos conservar el viejo principio de que "el amor se lleva dentro", las elecciones de pareja se basan en patrones externos y errados —patrones de belleza convencional que nada tienen que ver con el amor y que siempre hacen fracasar el sexo.


Por eso la realidad de las parejas en la actualidad sigue siendo un amor formal y decreciente, que siempre termina: cada vez empezamos más parejas, y cada vez estamos menos tiempo con cada una de ellas. Eso sólo responde a la falta de realización verdadera en el amor. Ya casi no sentimos dentro de nosotros el amor, aunque digamos que lo sentimos, o sigamos aparentando sentirlo.


El amor sí se lleva dentro, pero no como una idea, sino como un gozo sexual permanente que nace del buen sexo, y que conduce a vivirlo todo con gozo, con verdadera felicidad sentida.



El amor real no es una postal...

El paraíso de la mujer es el amor —el amor es el paraíso también para el hombre—, y hasta tanto no esté en él, ella no será feliz realmente, ni se sentirá bien —y asimismo el hombre. Que la pareja viva en el paraíso del amor, depende de que la mujer esté en ese paraíso y de que el hombre sepa conducirlos a ambos hasta ese paraíso.


El único camino práctico hacia el paraíso del amor es el sexo profundo. El sexo profundo es la base del amor real, y el único medio que el hombre tiene para conducir a la pareja hasta el amor real, es convertirse en un verdadero amante.


El amor real no es una postal conmemorativa en un día señalado, ni es un paseo, ni es regalar una flor o algún objeto en el día de los enamorados, ni es una cena a la luz de una vela, ni un encuentro nocturno periódico, ni llevar una foto como recuerdo del amante. Todas estas cosas son solamente amor formal, sin sustancia ni sensación real.


Y muchísimo menos, el amor puede medirse por lo caro o lo sofisticado que sea el objeto que se regale. Ésta es incluso la faceta más superficial y artificial del amor formal de la actualidad. El gusto actual por lo superficial y lo artificial, nace de lo superficial y lo artificial que está siendo el amor.


Todas esas cosas que hasta hoy han simbolizado el amor, también han convertido el amor en una sensación irreal o en una circunstancia externa. Esas cosas surgen solamente cuando el amor real está faltando, y solamente cuando el amor vuelva a ser real, esas cosas volverán a tener algún sentido.



Para los verdaderos amantes, todo es amor

El amor verdadero nunca es una formalidad: es un estado espiritual que nace de hacer el amor bien. Y ese estado o se tiene en todas las circunstancias de la vida, o no se tiene en ninguna por muy señalada o amorosa que aparente ser. Y lo cierto es que hoy casi nunca se tiene.


El amor verdadero, el amor sexual, es capaz de llenar de sustancia al amor formal, y de hacer renacer el amor real entre los amantes —aunque ya antes hubieran entrado en su etapa de decadencia. El amor sexual incluso es capaz de convertir cualquier cosa o circunstancia en una verdadera expresión del amor. Para los verdaderos amantes, todo es amor, y este amor también emana desde ellos hacia la realidad.



¡Cómo admitir que el amor nos falta!

La mujer tal vez no diga que ella siente que el amor falta, porque casi ya ni sabe cómo decirlo, o porque es una situación demasiado dolorosa de aceptar. Pero ella intuye que la realidad debiera ser amor, y que ahora no lo está siendo: nuestra realidad actual está llena de cualquier cosa menos de amor, y por eso la mujer frecuentemente está de mal humor —sobre todo con el hombre.


Ella intuye muy profundamente que todo sufrimiento o toda infelicidad en la vida se debe al fracaso del amor en el sexo, y no al fracaso de cualquier otra cosa externa. Luego del fracaso del amor, todo es fracaso. Y la mujer intuye que la incapacidad de amar del hombre lo hace a él básicamente responsable de cualquier infelicidad o fracaso.


Si la mujer no alcanza un grado profundo de disfrute amoroso, de deleite sexual, nunca está feliz y plena con su amante, ni durante el acto sexual, ni en el resto de las situaciones de la vida. Esto hoy es tan frecuente, que se ha convertido en algo normal.


Luego siguen las relaciones tediosas, los sustitutos del amor —paseos, dinero, formalidades, modas, asiduidades grupales, y todo tipo de evasiones de la intimidad— y finalmente la ruptura, si es que no continúan con una relación formal y sin amor verdadero.



La crisis dentro del amor formal

Cuando el amor se ha desgastado lo suficiente debido al sexo habitual, pero de todos modos la pareja no desea terminar, esto quiere decir que el amor no ha muerto —aunque está en coma, agonizando.


En este momento ellos cometen el error fatal: en vez de ser honestos e intentar halar una solución, ellos suelen recurrir a la ficción y aparentan no darse cuenta de que el amor real está faltando. Actúan el amor como si todavía estuviera. A fin de cuentas, ¿alguna vez alguien ha hallado una solución real una vez que la pareja ha entrado en esta etapa de la tristeza oculta? ¿Para qué ser honestos, si esto nunca ha tenido solución?


Así ellos pueden pasarse días, meses, años de tedio, monotonía o sustitutos del amor que no logran hacer —aunque se unan para aparentemente hacer al menos el mismo acto sexual mecánico de siempre, cada vez con menor frecuencia. Sin embargo, en materia de amor la mujer puede ser catalogada de inengañable: no hay forma de sustituirle el amor real por el amor formal y que ella lo acepte como auténtico. Ella aparentemente se resigna en silencio a esa situación, pero poco a poco creará todo tipo de problemas —y puede llegar a ser muy creativa en esto.


La mujer no permitirá esa paz formal y sin amor durante demasiado tiempo: frecuentemente ella romperá en pedazos la aparente estabilidad y creará crisis. Ella atormentará emocionalmente al hombre —incluso a riesgo de perderlo— hasta que él logre amarla realmente. Si aparentemente dentro de las formalidades de la vida o del estatus alcanzado no hay motivos de problemas, ella de cualquier modo creará los problemas.


No importa si él o ella buscan nuevos paliativos o nuevos sustitutos que rompan la monotonía de la vida formal y los compensen durante un tiempo. Poco a poco la mujer irá comprobando que nada sustituye al amor, y entonces el nuevo paliativo envejecerá y se volverá tedio, y los problemas regresarán con fuerzas renovadas.


No importa cuánto el hombre proteste, se rebele, o amenace, ella continuará generando una realidad emocional problemática de cuya poderosa influencia el hombre no podrá librarse. El hombre experimenta la realidad como la experimenta la mujer: éste es uno de los mayores secretos de la feminidad.


Ella es la realidad de él para bien o para mal: si ella se siente bien y plena, y es feliz en la vida, entonces ella y él viven en un paraíso sin igual; pero si al contrario, ella se siente mal y negativa, y no es feliz, entonces la pareja vive en un infierno sin igual. El paraíso o el infierno de la pareja están estrechamente vinculados al estado de su vida sexual. Todo tedio cotidiano nace del tedio sexual. Tal como el buen sexo es altamente estimulante —probablemente no exista algo tan estimulante como el buen sexo—, asimismo el sexo habitual es altamente anestesiante y sufrido.



¡Vete! ¡No te vayas!

La mujer incluso tratará de detener al hombre si es que él intenta marcharse, y luego tal vez sea él mismo quien quiera regresar a ella si es que ha logrado separarse de su lado. No es nada personal: se trata del irresistible llamado de algo muy primordial desde lo más profundo del ser femenino, algo demasiado natural como para que pueda ser evadido ni siquiera por la propia mujer —ella en verdad sufre todo esto tanto como el hombre. Es el llamado del amor real, el encanto de una música infinita que invita y desafía a hacer realidad el amor en el sexo.


A estas alturas, la pareja ha perdido casi toda su estabilidad formal, y si ellos no logran mediante un sexo real alcanzar una estabilidad también real, ellos viven en un doloroso juego de idas y venidas, sube y bajas —y con frecuencia necesitando discutir para compensar su falta de profundidad. Es un drama conocido, en el que llegado el momento se recurre a cualquier pretexto para escapar o se abandona cualquier orgullo para regresar.



El infierno que es la vida cotidiana

Todo este drama es la expresión de los excesos de la energía de amor dentro del cuerpo femenino —el amor que el hombre no ha sido capaz de tomar en ella, y que no deja que ni ella ni él vivan en paz.


Cualquier idea o creencia que tengamos acerca de lo que puede ser el infierno, se convierte en un chiste comparada con el infierno que se esconde debajo de la apariencia formal de la vida cotidiana, dentro de nosotros. Este infierno interior cotidiano es el infierno real, el que se deriva de la insatisfacción sexual y del fracaso del acto de amor. Este infierno cotidiano es el caldo de cultivo de la infelicidad, e incluso de la maldad.


Tanto dolor y sufrimiento producidos por la carencia del amor, tanto laberinto emocional, hacen que el hombre no pueda resistir más: lo impulsan o a marcharse definitivamente, o a salir de su quietismo y superarse sexualmente, para hacer algo real por la felicidad de la pareja.


En realidad el propósito natural de estas dificultades cotidianas que la mujer crea, es impulsarlo a él a aprender. Porque lo cierto es que, desde el punto de vista activo, solamente el hombre puede comenzar a hacer algo para sacar a la pareja del mudo infierno del amor formal.


Es muy probable que con tal de no perder el amor de la mujer, el hombre sea capaz de hacer en él mismo las transformaciones más grandes y profundas. La mujer está esperando y demandando esto de él. También el planeta lo está demandando con urgencia.



El peligro del amor formal

Si el hombre pierde con cada eyaculación la energía del amor, entonces a él no le importará cambiar, podrá seguir viviendo como hoy vive: en la superficie, sin poder masculino real, sintiendo atracción sólo por la feminidad superficial de algunas pocas mujeres típicas, y siendo incapaz de sentir la feminidad esencial de cada mujer. Es decir, luego de tener suficiente sexo habitual, él puede apreciar cada vez menos la belleza de la mujer que tiene a su lado cotidianamente.


Así, impulsado por el sexo habitual y amparado en el amor formal, él podrá seguir viviendo tranquilamente en un mundo sin amor. Y vivir tranquilamente en un mundo sin amor es algo peligroso. Esa tranquilidad del amor formal es como una anestesia: es lo que nos hace seguir impasibles ante un mundo que, producto del desamor, cada vez más amenaza con extinguirse —y por supuesto, extinguirnos a nosotros como especie.



El romance se hace realidad en el sexo

Los miembros de una pareja casi siempre, y ya sin darse cuenta, en realidad viven uno separado del otro —aunque vivan bajo el mismo techo, o estén casados, o realicen formalidades que aparentemente los hagan ser pareja. En realidad la única vía que ellos tienen para sentirse unidos realmente es el sexo profundo: mientras más lo hagan, más se reúnen física y energéticamente y se sienten como un solo ser pleno; y en cambio, mientras menos hagan el sexo profundo, más crece la separación y el malestar entre ambos, y más se sienten a sí mismos como dos seres separados aunque vivan juntos.


El hombre debe comenzar a tener un romance real con la mujer, y el romance real con la mujer se tiene dentro del sexo de la mujer, alcanzando lo más profundo de su feminidad. El hombre debe lograr tener un romance real con ella dentro de su cuerpo, y sólo así se hará real el romance fuera del cuerpo. Luego de esto, todo es amor —y antes de esto, nada es amor realmente, sino sólo formalidad.


Si el amor no es sexual, entonces es sólo amor formal, y la mujer no quiere eso: ella quiere que el amor sea real. Ella rechaza el sexo sin amor, pero ella adora el sexo si es tan intenso y fino que se transforma en amor, porque el amor sexual es el único amor real.


El hombre ya debe hacerle a ella realidad su sueño de amor —porque el amor es también el anhelo más real del hombre. El hombre debe realmente hacer mujer a la mujer, amándola dulcemente en el sexo. Sólo así ella también lo hará hombre a él, le regenerará a él su masculinidad perdida. La verdadera feminidad es que la mujer sea amor, así como la verdadera masculinidad es amar realmente a la mujer, hacer mujer a la mujer, realizarla en el amor que ella es.


Este sitio llega para echarle una mano a él, y mostrarle un camino práctico para resolver definitivamente la situación actual de la pareja: para hacer realidad el romance en el sexo. Hoy mismo, si ellos lograran hacer el amor realmente, se sorprenderían mucho al alcanzar la paz, al recibir por fin la sensación amorosa que tanto han esperado de su pareja y de la vida. Cuando logren hacer el amor, habrá más risa y menos confusión en su vida. Si el amor por fin llega, todo será posible, y él por fin podrá darle a ella lo que realmente ella anhela.



Nada sustituye al amor

Ningún estatus económico, ninguna realización profesional o personal, ningún grupo al que ella o ellos pertenezcan, ninguna actividad privada o pública a la que se entreguen para escapar de su intimidad, ninguna filosofía que profesen, ninguna terapia, ninguna aparente armonía familiar, ninguna orientación sexual alternativa o nueva libertad externa de género femenino o masculino, ninguna mística o religión, etc., le va a sustituir a la mujer el amor que le falta ni la va a sanar de su odio.


Dedíquese ella a lo que se dedique en la vida, hasta tanto su amor no sea realizado en el sexo profundo con el hombre, ella no estará bien ni será feliz —ni será feliz el hombre tampoco, ni nadie será feliz realmente. Mientras el amor de la mujer no sea realizado por el hombre, el amor no será realidad para nadie y la realidad seguirá siendo una calamidad disfrazada de normalidad.


La felicidad de la humanidad, y probablemente la supervivencia de la raza humana y del planeta más allá de la crisis actual, dependen de que el amor de la mujer sea definitivamente realizado en un verdadero acto de amor sexual, y de que el amor de la pareja y de todos deje de ser formal y se convierta en algo real, es decir: sexual.
 
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Formación rocosa de la ciudad de Hyderabad (fotografía tomada de la revista India perspectivas)
EL AMOR FORMAL
ES LA DECADENCIA DEL AMOR
El amor formal surge cuando el amor real se está muriendo. El amor se convierte en formalidad o apariencia cuando los amantes no tienen el coraje de ver y aceptar que su amor se ha desgastado (reconocerlo sería el primer paso para comenzar a darle una solución real al desamor). El amor formal que viven las parejas cuando llevan tiempo juntas, es el extremo opuesto del amor sexual, de la pasión real que sentían al inicio de la relación. El camino directo para que un amor que alguna vez fue nuevo se convierta en rutinario y formal, es el sexo habitual; en cambio, el camino para que un amor nuevo siga siempre nuevo, o incluso para que un amor que se ha hecho formal vuelva a ser nuevo, es el sexo real, el gozo sexual más completo que existe.
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Paquius Proculus y su esposa, fresco pompeyano de alrededor de los años 20 ó 30 del siglo I d.n.e. La expresión del rostro de la mujer puede catalogarse de francamente triste. El amor formal no es una invención moderna: es tan viejo como nuestra civilización.
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